"San Telmo inmortal"  

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día

Cualquier persona que haya paseado por las calles y pasajes de San Telmo ha captado su ambigüedad tan propia y tan atractiva: adoquines de aires coloniales, petit-hoteles de fachadas pretenciosas, edificios abandonados, edificios ocupados, vida nocturna incansable , centros culturales, bandas tocando al aire libre, la biblia y el calefón en cada cuadra.

Pero hoy nuestro homenaje va dedicado a su esencia singular.

Unos metros mas allá  de las siete cuadras más turísticas, encontramos tres locales tan diferentes y tan identicamente bizarros entre sí: Un Museo del Terror que no puede asustar a nadie, pero que de tanto disparate junto  provoca una risa imparable, un negocio de carteles de chapas con frases memorables como “Seamos libres o no seamos nada” o “Prohibido galopar por las calles del pueblo” (indispensables que no deberían faltar en ninguna casa de bien,  creo yo) y un local de tatuajes sanadores que además es pionero en el trabajo de dibujo reconstructivo en casos de cáncer de mama y en técnicas de tatuaje que cubren amorosamente secuelas y cicatrices. 

Tres universos en sólo cincuenta metros, sin adoquines ni conventillos ni anticuarios, pero tan San Telmo como el resto.

Para terminar la tarde, podemos volver sobre nuestros pasos y pedir una hamburguesa bien porteña al chico que canta canciones de Papo y Led Zeppelin a grito pelado.

Ahora sí estamos listos para seguir viaje.

 Raíz :  En  cada grieta de la vereda, en los cordones, en canteros y cualquier lugar donde haya un poco de tierra encontramos el diente de león (taraxacum officinale).

Esta valiente planta crece en gran variedad de suelos, se abre paso entre el cemento de la ciudad, y se encuentra en muchas regiones de Argentina y del mundo.

A pesar de todo, es todavía considerada por muchos como una maleza, un “yuyo” como se dice despectivamente en nuestra jerga local. Sin embargo, la palabra “yuyo” proviene del quechua “yuyu”: hortaliza.                                                                                                                              

Los aborígenes la utilizaban desde tiempos ancestrales pues el diente de león posee muchas  propiedades y se puede consumir todas sus partes en diferentes formas, ya que toda la planta provee diferentes beneficios: es depurativa hepática, levemente laxante, estimula la vesícula en su producción de bilis, además de proveer vitaminas y minerales.

Muchos de nosotros podrán recordar algún abuelo o vecino anciano que recolectaba las hojas del diente de león para preparar ensaladas; se trata sólo de recordar que la naturaleza  nos ofrece otros alimentos que se han adaptado sabiamente al entorno, y no han sido manipulados por el hombre.

Buenos Aires, ARGENTINA

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